
Pasado el ecuador del
festival,
algunos empezamos a notar el cansancio. Surgen los primeros ronquidos,
he visto gente a mi lado durmiendo y se nota en muchas caras la falta de
sueño. El estrés y las prisas siguen ahí, con una marcha más. La
programación y la organización del certamen tiene gran parte de culpa;
por ejemplo, es absurdo que un título de la sección oficial (que todos
queremos ver) se proyecte en una sala de unas 400 butacas cuando se dice
que hay más de 4.600 acreditados, mientras reservan películas de menor
importancia para un cine de más de mil asientos. Y primero entran los
que tienen acreditación rosa, luego los azules (mi caso) y por último el
resto, que da igual lo que esperen, igual no entran y tienen que volver
a hacer cola en el siguiente pase.
El mal tiempo tampoco está ayudando, llueve por tercer día consecutivo aquí en
Cannes
y los estornudos en las salas son cada vez más habituales (no me parece
normal que nos tengan esperando bajo la lluvia en un festival que mueve
tanto dinero). Para redondear, personalmente me he encontrado con la
desagradable sorpresa de que mi ordenador portátil no quiere arrancar
desde hace un par de días. Quizá por un golpe, no sé, los empujones por
conseguir un buen asiento son constantes. Por suerte, siempre nos queda
el cine, que lo compensa todo. Y en ese sentido no nos podemos quejar.
Dos pesos pesados presentaron sus nuevos trabajos en la sexta jornada,
el iraní
Abbas Kiarostami y el francés
Alain Resnais.
‘Like Someone In Love’
Ganador de la Palma de Oro en 1997 con ‘El sabor de las cerezas’,
Kiarostami
vuelve a Cannes dos años después de ‘Copia certificada’ (premio a la
mejor actriz para Juliette Binoche en este certamen) con otra historia
ambientada fuera de Irán. Tras su aventura italiana, el prestigioso
realizador ambienta su nueva película en Japón, contando con un reparto
encabezado por
Tadashi Okuno, Rin Takanashi y Ryo Kase.
Al parecer, el iraní deseaba filmar en Tokio desde hace una década y
durante años fue acumulando ideas de escenas. No es amigo de los guiones
cerrados, le gusta improvisar, dejar que fluya la historia, y aunque
tuvo que presentar un libreto antes del rodaje no dejó a los actores que
lo leyeran entero o que supieran el desenlace; según las notas de
producción del film,
Kiarostami solo revelaba a los
intérpretes lo que iban a hacer el día siguiente, para que no prepararan
demasiado el trabajo y quedara espacio para la espontaneidad. El
resultado en pantalla es
una gozada. Hay veces donde
uno se pregunta si realmente es necesario dejar tanto tiempo un plano en
el que no sucede nada o ver a un personaje quedarse dormido, pero
supongo que es parte de la magia, piezas necesarias que el cineasta
emplea para crear la ilusión de autenticidad.

En la primera escena de
‘Someone in Love’ una
cámara inmóvil nos muestra a una serie de personajes en un pub y oímos a
una joven que permanece fuera del plano. Habla por teléfono, engañando a
su interlocutor sobre el lugar en el que se encuentra. Una amiga se
sienta delante y le cuenta un chiste que no entiende sobre una pareja de
ciempiés. Por fin vemos a la chica cuando va al baño, intercambiando
por el camino unas palabras con el que parece ser su jefe. Cuando
regresa, alterada y nerviosa por la llamada, recibe el encargo de
visitar a un hombre importante, a una hora en coche de allí. Aunque se
niega al principio, porque es tarde y tiene otros asuntos personales que
atender, no tiene más remedio que aceptar la tarea; mientras se dirige a
su destino en taxi escucha los mensajes de voz que le ha ido dejando su
abuela a lo largo del día. La mujer ha viajado a Tokio expresamente
para ver a su nieta y todavía la espera en la estación. El vehículo pasa
de largo; la muchacha seca sus lágrimas y se pinta los labios. Hemos
entrado en la vida de esta enigmática persona y poco a poco empezamos a
conocer detalles. Apenas unos minutos y
Kiarostami tiene al espectador (paciente) en la palma de la mano.
Las sospechas sobre la profesión de la chica se confirman poco
después, cuando entra en la casa del ciente, un anciano profesor. Él ha
preparado una romántica cena pero ella está exhausta y, tras una breve
charla, va directamente a la cama. A la mañana siguiente, él la acompaña
a la universidad para hacer un examen y así entra en escena el tercer
protagonista del relato, el irascible novio de la joven, con quien
hablaba por teléfono la noche anterior. La peculiar puesta en escena
(ojo a los reflejos) y los misterios que rodean a los personajes
despiertan curiosidad y mantienen el interés en
‘Someone in Love’, un delicioso retrato del ser humano y las relaciones personales.
Los actores se comportan con naturalidad, dejándose llevar por los
acontecimientos, las conversaciones a veces son vagas pero están
construidas con inteligencia para revelar detalles de la trama y
retratar a los personajes. Las reacciones son siempre coherentes y
realistas, nada se siente forzado. Y
aunque los momentos cómicos sobresalen, la historia está cargada de amargura, con personajes miserables en busca de un amor que los rescate.
‘Vous n’avez encore rien vu’
A las 8:30 de la mañana de ayer tuvo lugar el pase de prensa de lo nuevo de
Resnais, que aspira por quinta vez a la Palma de Oro tres años después de ‘Las malas hierbas’ (‘Les herbes folles’).
‘Vous n’avez encore rien vu’,
que en español sería “No habéis visto nada todavía”, es el título de su
último film, y resulta divertido viniendo de un realizador que está
cerca de cumplir 90 años. Hubo fuertes aplausos durante los créditos
finales pero es probable que la edad y el prestigio de esta leyenda del
cine que lleva más de seis décadas trabajando tuviera mucho que ver. No
es que no haya gustado por aquí, he oído comentarios entusiastas, pero
la reacción general me pareció exagerada, como si el director estuviese
en la sala y ésta fuese su despedida. El francés ya ha confirmado que no
lo es, que va a seguir dando guerra.
‘Vous n’avez encore rien vu’, o ‘You ain´t seen
nothin´ yet’, es una adaptación libre de dos obras de teatro de Jean
Anouilh, ‘Eurydice’ y ‘Cher Antoine ou l’amour rate’. Laurent Herbiet y
Resnais
firman el guion, cuya historia parte de la muerte de un conocido
dramaturgo, en cuyo testamento figura una particular petición que reúne a
sus mejores amigos. El film arranca con una serie de llamadas
telefónicas en las que
Mathieu Amalric, Sabine Azéma, Anne Consigny, Pierre Arditi y Lambert Wilson,
entre otros (todos interpretándose a sí mismos), son informados y
convocados por el secretario del fallecido. Desde el principio se
percibe el tono teatral que
Resnais desea imprimir al
relato, lo que puede descolocar un poco al público que no esté
familiarizado con la obra del veterano autor francés, apasionado de la
actuación libre y las intensas emociones.
El grupo protagonista se sienta delante de una pantalla donde el
dramaturgo explica que los ha llamado, a ellos que conoce bien y que
interpretaron su versión de ‘Eurídice’ a lo largo de los años, para que
asistan a una representación grabada de la misma obra, llevada a cabo
por una joven compañía; deben decidir si el material sigue conservando
su fuerza. Mientras observan a los actores en el vídeo (Bruno Podalydès
dirige esos segmentos, ya que
Resnais no se consideraba
adecuado para tratar con un elenco joven) los protagonistas quedan
abrumados por los recuerdos y sienten la necesidad de recuperar sus
propias interpretaciones, representando una vez más la obra, allí mismo.
Resnais acompaña el
apasionado trabajo de los actores
con una sencilla y elegante puesta en escena, introduciendo una pequeña
dosis de efectos visuales para ayudar a crear el ficticio escenario que
los personajes están imaginando. La música de
Mark Snow contribuye en la creación del ambiente.

Es un juego, un experimento, sobre temas como
el amor, los celos, la vida y la muerte,
y hay que aceptarlo como tal, o el visionado puede acabar resultando
insufrible. Aparte de la innecesaria repetición de simples soluciones
visuales para recrear la fantasía, como duplicar al personaje de Amalric
(que desafortunadamente no interviene mucho), el mayor problema de la
película es que hay demasiado diálogo, se echa en falta mayor
elaboración del contenido visual, y quizá habría sido una buena idea
jugar con los alter egos de los personajes principales y que aportaran
algo de su pasado a la obra. Puede que
‘Vous n’avez encore rien vu’ se cuele en el palmarés, lo que espero es que no busquen compensar nada, poner la guinda a la extensa carrera de
Resnais. En unos días saldremos de dudas.
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