La película de posesiones diabólicas por antonomasia cumple 40 años.
Por eso, nosotros hemos preparado este informe al grito de "¡La cerda
es mía!". Por YAGO GARCÍA
Primero, cuando expulsamos aquella mucosidad verde durante
el desayuno, pensamos que se debía a las consecuencias de un Halloween
especialmente desaforado. Después, al descubrir los estigmas de nuestra
piel frente al espejo del baño, nos prometimos a nosotros mismos que
jamás volveríamos a comprar máscaras en el ‘todo a 100’, con lo malo que
es eso para el cutis. Sólo cuando empezamos a mirar con ojos tiernos al
crucifijo del cuarto de la abuela mientras girábamos la cabeza en un
ángulo de 180 grados, nos dimos cuenta de la realidad: y la realidad es
que
hoy es un magnífico día para un exorcismo. Vamos, que
El exorcista, la película de posesiones diabólicas por antonomasia, cumple
40 años en 2013.
Nosotros tenemos ya experiencia con la expulsión de demonios, un trabajo que
nos merece mucho respeto.
Y aprovechando que Satán no está para muchos trotes tras la
(presumible) juerga de anoche, nos hemos atrevido a elaborar este
informe maratoniano con más datos que el
Malleus Maleficarum y una erudición capaz de echar
p’atrás al mismísimo
Pazuzu. A lo largo de estos
20 datos lo descubrirás todo sobre
Linda Blair y
sus tratos con el Enemigo. Tal vez esta sabiduría no consiga expulsar
al diablo de tu cuerpo, pero sí te capacitará para responder propiamente
cada vez que alguien te pregunte
“¿Has visto lo que hace la cochina de tu hija?”.
Groucho, agente del maligno

Estamos en 1950, en un estudio de la cadena NBC. Como todas las semanas,
Groucho Marx presenta su programa concurso
You Bet Your Life, conocido por su humor desquiciado y a veces escatológico. Cuando termina el
show, el ganador del día es un joven llamado
William Peter Blatty, periodista
de cotilleos que promociona un libro de reportajes. Cuando el hombre
del puro y el bigote le pregunta qué piensa hacer con los
10.000 dólares (unos
70.000 euros, ajustados) del premio gordo, Blatty responde:
“Me dedicaré a escribir mi primera novela”.
Una novela cuyo título, suponemos, ya te estás imaginando. 23 años más
tarde, Groucho y el escritor bromearon acerca de la posibilidad de rodar
un
spoof basado en
El exorcista, con el mayor de los Marx como el padre Merrin. Lástima que la idea no pudiera hacerse realidad…
El (terrorífico) caso de Roland el poseído

Escribiendo la historia de la pequeña Regan y sus intimidades con
Satanás, Blatty se inspiró en un presunto caso de posesión diabólica
ocurrido en 1949, y sobre el que había investigado en sus años de
universidad.
Roland Hunkeler, el niño de 12 o 13 años
que protagonizó el hecho sufrió muchos de los síntomas que pueden verse
en el libro y el filme, tales que supuestos poderes psíquicos, don de
lenguas, llagas y estigmas diversos. Según informó Blatty el año pasado,
el chaval acabó trabajando para la NASA: evitemos, en pro del buen gusto, decir aquello de
“Usted morirá en su nave espacial”.
Un ‘best seller’ del Averno
Publicada en 1971,
El exorcista no se comió un colín en las
librerías durante sus primeros meses de publicación. Ahora bien, resulta
que un programa de entrevistas
muy popular en EE UU
(The Dick Cavett Show) llamó a Blatty para sustituir a un invitado que se había puesto enfermo. Y no sólo eso: otro de los huéspedes abandonó el
show de forma inesperada en plena emisión, con lo cual el escritor tuvo la friolera de
45 minutos para
hablar de su libro y sus truculencias en directo y en horario de máxima
audiencia. Gracias a estas coincidencias, achacables sin duda a la mano
de Belial, Astarot o algún otro colega de allá abajo, la novela se
convirtió en un éxito. También en España, donde ocupó el octavo lugar en
la lista de libros más vendidos del año.
Stanley asusta a Lucifer

Con experiencia en el mundo del cine (había trabajado con
Blake Edwards en películas como
El nuevo caso del inspector Clouseau),
Blatty escribió un guión basado en su novela y fue de estudio en
estudio para que se rodase el filme de rigor. Al principio nadie le hizo
caso, dado el escaso éxito del libro, pero una vez que este se vendió
como rosquillas, la cosa cambió. El novelista, ingenuo él, pensó en
Stanley Kubrick para
dirigir la película, y al genio del Bronx le interesó la idea… siempre
que le dejasen producirla y hacer cambios sobre el libreto. Tras
mandarle a hacer gárgaras,
Warner Bros. sondeó a otros cineastas como
Peter Bogdanovich, Arthur Penn y un
Mike Nichols nada emocionado ante la idea de trabajar con niños. Finalmente, y en el último momento, Blatty encontró a su hombre:
William Friedkin, cuya
French Connection había ganado cinco Oscar en 1971.
¡Que alguien llame a un cura (o a dos)!

Durante el rodaje de
El exorcista, Max Von Sydow echó mucho de menos esos apacibles rodajes con
Ingmar Bergman: el actor sueco tuvo que pasarse
cuatro horas diarias en manos del maquillador
Dick Smith para aparentar la provecta edad del padre
Lankester Merrin. Y no sólo eso, sino que también se quedó patidifuso al escuchar las barbaridades que Linda Blair soltaba sin inmutarse.
Jason Miller, el intérprete del joven y atribulado
Damien Karras, tuvo mucha más suerte: tras descartar a
Marlon Brando, Al Pacino, Jack Nicholson y
Gene Hackman, entre otros, Friedkin le fichó para el papel tras verle actuar en un teatro de Brooklyn.
La madre de la criatura

William Peter Blatty se había inspirado en su amiga
Shirley MacLaine para el personaje de
Chris MacNeil, la famosa actriz y madre de la niña poseída. Pero la hermana de
Warren Beatty no pudo aceptar la oferta y además Friedkin había pensado en
Audrey Hepburn para el papel. Cuando esta lo rechazó, fueron abordadas
Geraldine Page, Jane Fonda y una
Debbie Reynolds que trató de imponer a su hija
Carrie Fisher (exacto: la futura
Princesa Leia) en el papel de Regan. Finalmente,
Ellen Burstyn aceptó hacer de Chris, algo que le costaría caro…
Esta chica es un demonio

Durante una de las maratonianas sesiones de cásting de
El exorcista, William
Friedkin creía haber encontrado a la niña ideal para el papel de Regan:
la chica tenía 12 años, pero se había leído el libro y parecía muy
espabilada. Y lo era, tanto que cuando el cineasta le preguntó si sabía
lo que tendría que hacer en el rodaje, ella respondió:
“Masturbarme con un crucifijo”. Friedkin, apabullado, le preguntó si sabía de qué estaba hablando.
“Pues claro que lo sé, de hacerme una paja”, contestó ella.
“Pero, ¿tú haces esas cosas?”, prosiguió el director, a lo que la niña repuso
“Yo sí, ¿y tú?”. Por supuesto, la joven actriz era Linda Blair, y gracias a esa conversación tan sórdida, el papel fue suyo.
Un asesino en el plató
De entre todas las leyendas asociadas a
El exorcista, esta es la más macabra:
Paul Bateson, un
técnico de radiología que aparece en las escenas del hospital, fue
declarado culpable de un asesinato (para más INRI, la víctima había sido
un crítico de cine) y se sospecha que podría haber matado a seis
personas más, cuyos cuerpos, descuartizados y metidos en bolsas, fueron
hallados flotando en el río Hudson. Dado que –presuntamente- Bateson
buscaba a sus presas en el ambiente gay de Nueva York, Friedkin se
inspiró en esta historia para su siguiente película,
A la caza.
Friedkin, con el diablo en el cuerpo

La reputación de William Friedkin no era especialmente buena antes de
El exorcista: como currante del medio televisivo, primero, y durante la producción de
French Connection, después,
el director se había ganado la fama de sujeto maniático con malas
pulgas. Pero, en la película que nos ocupa, la cosa llegó al paroxismo:
algunos afirman haberle visto
“rodando por el suelo y echando espumarajos por la boca” cuando
algo no se hacía a su gusto, y sus tretas para mantener en tensión a
los actores llegaban a extremos como irrumpir en el plató con una
pistola y pegar tiros al aire, o mantener sonando constantemente la
banda sonora de
Psicosis a todo volumen durante
las pausas de rodaje. El que peor llevó sus excesos fue William Peter
Blatty: director y guionista comenzaron la película como buenos amigos,
pero tras el estreno pasaron décadas sin hablarse, básicamente porque el
primero le robó la novia al segundo. A resultas de tanto conflicto y
extravagancia,
un rodaje previsto para 86 días acabó durando más de siete meses.
Efectos infernales
“Conmigo, Friedkin se portó muy bien”, declaró Ellen Burstyn años después de rodar
El exorcista, “salvo cuando se ensañó con mi columna vertebral”.
La actriz se refiere a una escena en la que Linda Blair le da una
bofetada: para crear la impresión de que la pequeña tenía fuerza
sobrehumana, Burstyn fue amarrada a un cable del que tiraba un
tramoyista para hacerla caer al suelo. Pese a las advertencias de la
actriz, el cineasta ordenó al hombre que tirase con todas sus fuerzas, a
resultas de lo cual ella sufrió una lesión crónica en la espalda. Otras
perrerías concebidas por el director fueron rodar algunas escenas
dentro de una cámara frigorífica (la pobre Blair sólo llevaba un
camisón) y llenarle a Linda la boca con sopa de guisantes para obtener
el legendario vómito verde.
El baile de la araña
Conflictos sentimentales aparte, Friedkin y Blatty se enfrentaron muchas veces a cuenta de los efectos especiales de
El exorcista: el
director insistía en mantenerlos, mientras que el guionista opinaba que
había demasiados y que algunos (como la cabeza giratoria de Regan) eran
ridículos. Friedkin sólo dio su brazo a torcer en una ocasión, cuando
Regan baja las escaleras de su casa haciendo el pino-puente. La escena,
costosísima de rodar y para la cual se contrató a una contorsionista
profesional, no daba el pego porque
se veían los cables que sujetaban a la chica.
Sin embargo, fue devuelta al filme en la edición extendida de 2000,
cuando Friedkin pudo borrar los alambres usando tecnología digital.
Los límites de la percepción

En
El exorcista, Friedkin sólo tenía un objetivo: inquietar al
público hasta que este no pudiera más. Por ello, además de trabajar con
el técnico de sonido
Gonzalo Gavira (famoso gracias a las películas de
Alejandro Jodorowsky)
para crear ambientes espeluznantes, introdujo imágenes de brevísima
duración que sobresaltaron a los espectadores, como la famosa
“máscara diabólica” de la actriz
Eileen Dietz, que
también dobló a Linda Blair en algunas escenas. En su momento, no
fueron pocos quienes acusaron al cineasta de usar estas apariciones para
colar mensajes subliminales y satánicos, pero como Friedkin aduce (y
con razón)
“si puedes ver algo y darte cuenta de que está ahí, entonces no es subliminal”.
La voz de otro mundo
Cuando comprobó que distorsionar la voz de Linda Blair no bastaba
para conjurar una presencia demoníaca, Friedkin fichó a la veterana
Mercedes McCambridge como dobladora: veterana actriz de cine, radio y TV ganadora de un Oscar
(El político, 1949) y nominada a otro por
Gigante, la
intérprete se tomó muy en serio el encargo, fumando como una carretera y
bebiendo whisky pese a que había tenido problemas de alcoholismo. Para
colmo, McCambridge grabó sus líneas con un trapo atado al cuello para
forzar aún más su garganta. Tanto coqueteo con el lado oscuro tuvo su
precio: aunque, en principio, renunció a ser acreditada, la actriz
protestó cuando Linda Blair fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz de
Reparto. Según sus normas, la Academia no podía despojar a Blair de su
candidatura, pero el mal rollo subsiguiente arruinó sus posibilidades de
llevarse el trofeo.
Presencias maléficas
Encabezado por un director al que todos apodaban
‘Willie el loco’ y preso de una mala pata casi sobrenatural, no faltaron los rumores de que el rodaje de
El exorcista estaba embrujado: las prórrogas a su calendario y los incrementos de un presupuesto que acabó rayando los
39 millones de euros (una
cifra desorbitada para la época) suscitaron pronósticos de que la
película acabaría arruinando a Warner. Amén de los accidentes sufridos
por Ellen Burstyn y Linda Blair (que se hirió la cabeza rodando una
escena), uno de los platós fue destruido casi por completo durante un
incendio. La cosa llegó a tal punto que Friedkin pidió al sacerdote
Thomas Berningham, el
asesor religioso de la cinta, que realizara un auténtico exorcismo. El
cura sentenció, con buena lógica, que el ritual romano sólo caldearía
aún más los ánimos, pero Friedkin logró persuadirle de que, por lo
menos, bendijese al equipo.
Escalera al abismo

Dos de los enclaves implicados en la producción de
El exorcista llaman
la atención, hasta el punto de oler a cuerno quemado: el primero es el
local donde Friedkin llevó a cabo el montaje, situado nada menos que en
el
666 de la Quinta Avenida. ¿Cuál es el otro lugar
satánico? Pues las escaleras de la calle M de Georgetown, donde
transcurren un par de momentos importantes de la película: en su
momento, los estudiantes de la universidad local cobraban a los turistas
por enseñarlas, y aun hoy son conocidas como
“las escaleras de El exorcista”.
Las campanas (tubulares) del Apocalipsis
En principio, la banda sonora del filme corrió a cargo del compositor
Lalo Schifrin. Pero,
al usar un fragmento de su partitura en el primer tráiler, Friedkin se
encontró con que Warner la rechazaba por ser “demasiado terrorífica”.
Tras prescindir a las bravas (para variar) del músico argentino, el
cineasta se fijó en un LP titulado
Tubular Bells: el autor del disco era un guitarrista inglés llamado
Mike Oldfield, que tocaba en la banda del gran
Kevin Ayers y
que había grabado el álbum él solo en sus ratos libres. Por supuesto,
la inclusión de su música en la película convirtió a Oldfield en el
músico famoso y multimillonario que es hoy. Los momentos más chirriantes
y disonantes de la banda sonora corresponden a piezas de
Krzyzstof Penderecki, Anton Webern y
George Crumb, cuyo cuarteto de cuerda
Black Angels atruena en los créditos finales.
El ‘blockbuster’ de terror definitivo
Tras su estreno el 26 de diciembre de 1973, el reverendo
Billy Graham (líder de la ultraderecha religiosa en EE UU) acusó a
El exorcista de ser
“una película poseída por Satán”.
Lo cual parece una notoria estupidez, pero echó más leña al fuego de la
publicidad: con colas interminables frente a los cines y espectadores
que afirmaban haberse desmayado de miedo en plena proyección,
El exorcista amasó
1.654 millones de euros (ajustados). Lo cual la convierte, aun hoy, en
la película de terror clasificada ‘R’ más taquillera de la historia.
Los Oscar se rinden ante Satán

Aunque los críticos no la acogieron con mucha simpatía
(Roger Ebert y el futuro director
Joe Dante estuvieron entre sus escasos campeones),
El Exorcista se convirtió, sin comerlo ni beberlo, en
el primer filme de terror nominado al Oscar a la Mejor Película. En total, la cinta recibió
11 nominaciones, pero sólo se llevó dos estatuillas: las de Mejor Guión Adaptado, para Blatty, y Mejor Sonido.
¿Secuelas? ¿Qué secuelas?
Tras inaugurar un subgénero del cine de miedo,
El exorcista cayó en manos de un demonio muy
hollywoodiense: el de las continuaciones sin sentido.
El exorcista II: El hereje llegó en 1977, con una Linda Blair a punto de echar su carrera por la borda y el majara de
Jon Boorman como
director, cosechando malos resultados económicos y críticas aún peores.
Blatty, incombustible, volvió a la carga en 1990 para dirigir y
escribir
El exorcista III: Legión, igualmente olvidable, y el
summum de los despropósitos llegó en 2004 con
El exorcista: El comienzo. Paul Schrader llegó a terminar su versión de la precuela (estrenada posteriormente con el título de
Dominion), pero los productores la tiraron a la papelera y encargaron a
Renny Harlin que volviese a rodarla desde el principio.
¿Hay una maldición?
No queremos pecar de supersticiosos, pero quienes achacan a
El exorcista una
posible maldición satánica podrían no ir muy desencaminados: tras su
estreno, y viéndoselas muy felices, Friedkin rodó la muy polémica
A la caza, para luego ver cómo su carrera se iba a pique con
Carga maldita (1977), un
remake del clásico francés
El salario del miedo. Arrestada
por posesión de cocaína, una Linda Blair ya adolescente nunca llegó a
convertirse en una actriz consagrada, enquistándose para siempre en la
serie B. Y, se rumorea, unas 5 personas que participaron en su rodaje
(entre ellas el actor
Patrick McGoohan y
Vasiliki Maliaros, que
interpretó a la madre del padre Karras) murieron poco después del
estreno. Nosotros, por si las moscas, tocamos madera y nos santiguamos
con agua bendita. Y tú, después de haber leído este informe, deberías
hacer lo mismo…