Hace 22 años oímos a Schwarzenegger decir "Sayonara, baby" por
primera vez. Lo celebramos ofreciéndote esta colección de datos con
endoesqueleto de metal. Por YAGO GARCÍA
132 millones de euros (ajustados) de
presupuesto.
673 millones (también ajustados) como beneficio bruto en
taquilla. Un rodaje que se prolongó casi medio año, usando técnicas nunca vistas hasta entonces. Y un actor principal que se embolsó
27.774 euros por cada palabra que pronunció ante la cámara. Hace
22 años, el 22 de agosto de 1991,
Terminator 2: El juicio final llegó a las pantallas de EE UU, y el cine de acción jamás volvió a ser el mismo. Ahora que se cuece
un nuevo reboot de la franquicia creada por
James Cameron, probablemente con
Dwayne Johnson como protagonista, es el momento perfecto para ofrecerte una completa colección de datos orgánicos sobre endoesqueleto de metal.
Problemas con el código (legal)

En contra de lo que pudiese parecer, el mayor impedimento para rodar
Terminator 2 no vino dado por
Skynet, sino por los
problemas legales a los que se enfrentaron James Cameron y el magnate
Mario Kassar, de
Carolco, para
obtener los derechos de la incipiente franquicia. La idea de sacar
adelante una secuela rulaba desde el estreno del primer filme en 1984,
pero la productora
Hemdale Film no estaba dispuesta a
desprenderse de la propiedad, ni tampoco a financiar un rodaje que se
adivinaba multimillonario. Sin embargo, en 1989 confluyeron dos factores
decisivos: el pesadillesco rodaje de
Abyss convenció
al cineasta de que estaba preparado para entregar una obra maestra, y
Hemdale entró en bancarrota. Sólo faltaba un elemento más (austríaco,
musculoso y de peculiar acento) para reiniciar la máquina asesina.
'Arnie' da el golpe maestro (y se lleva un avión)

Rodando la primera
Terminator, Cameron y
Arnold Schwarzenegger habían entablado una buena amistad. Y, gracias a
Desafío total,
el futuro 'Governator' estaba a partir un piñón con los mandamases de
Carolco. De ahí que, cuando 'Arnie' se enteró de los problemas
financieros de Hemdale, convenciera a Mario Kassar y a su socio
Andrew G. Vajna para hacerse con
Terminator. El espabilado actor se benefició a lo grande, y no nos referimos sólo a los
19 millones de euros (ajustados) que se llevó como salario. Cuando nuestro culturista favorito anunció que volvería a interpretar al
T-800, Kassar se alegró tanto que le regaló un avión. Concretamente, un
jet Gulfstream III (de segunda mano, eso sí) valorado en
12,9 millones de euros.
Entrenando a Linda

Estaba claro que Schwarzenegger lo tendría fácil para regresar a su papel de
cyborg, pero ¿qué pasaba con
Linda Hamilton? La futura esposa de Cameron debía prepararse a fondo si quería interpretar a la nueva, mejorada y musculada versión de
Sarah Connor, así que se sometió a las artes de
Uzi Gal, un
antiguo comando de las fuerzas especiales israelíes. Bajo la tutela de
Gal, Hamilton aprendió judo, karate y manejo de armas, así como a abrir
cerraduras con una ganzúa, entre otras habilidades. Por si eso fuera
poco, el preparador físico
Anthony Cortés la hizo sudar
en el gimnasio durante tres horas al día, seis días a la semana. Cuando
llegó al plató, la actriz había perdido cinco kilos y medio de peso.
Duplicado perfecto

Como saben sus
fans, Linda Hamilton
tiene una gemela, llamada
Leslie Hamilton, que
trabaja como enfermera y a quien el mundo del cine no atrae lo más
mínimo. Pese a esto último, Leslie le echó una mano a su hermana durante
el rodaje de
Terminator 2: cuando el
T-1000 (Robert Patrick) adopta la forma de Sarah Connor durante la batalla final, la 'otra Hamilton' sirvió como doble de cuerpo de Linda.
Horror futurista 2.0
"Si Arnold es un tanque de la Segunda Guerra Mundial, el T-1000 tiene que ser un Porsche", comentó James Cameron. De modo que, para este importante papel, el director se fijó primero en el músico
Billy Idol. Pero
el ex cantante de los Generation X acababa de sufrir un accidente de
moto que casi le costó una pierna, y que le obligó a pasar repetidas
veces por el quirófano. Visto el percal, Cameron acabó quedándose con un
actor de 32 años que había intervenido como secundario en
La jungla 2 (Alerta roja): su
nombre era Robert Patrick, y cojeaba ligeramente al andar debido a una
lesión jugando al fútbol americano cuando estaba en el instituto, algo
que puede apreciarse en varias escenas de la película. Por lo visto, el
androide de metal líquido estaba predestinado a tener una pata chula.
¿Qué hacemos con el niño?

Involucrar a un actor de 12 años en un rodaje de
170 días tiene sus inconvenientes. Como, por ejemplo, que las hormonas del crecimiento no paren de actuar: ese fue el caso de
Edward Furlong. El
jovenzuelo creció unos pocos centímetros durante la producción de la
película, lo que fue disimulado empleando a dobles de cuerpo. Y, por si
esto fuese poco,
le cambió la voz en pleno rodaje. Cameron
y su equipo solventaron este último problema de varios modos: en
algunas escenas, Furlong se dobló a sí mismo durante la postproducción,
mientras que en otras su voz fue procesada para hacerla más aguda. El
único momento en el que puede oírse su voz en directo es su conversación
con el T-800 sobre los pros y los contras de llorar: el director
consideró, acertadamente, que los trucos estropearían un momento tan
dramático.
La pesadilla nuclear de Stan Winston
Durante el rodaje de
Terminator 2, el rey de los efectos
especiales llevó a cabo muchas proezas, bastantes de ellas orientadas a
rehacer y refinar su trabajo en la primera parte. Y, de entre todas
ellas, la más inesperada fue el sueño de Sarah Connor sobre el
cataclismo atómico: Winston y su equipo se documentaron a fondo sobre
los efectos de una explosión nuclear, y emplearon tanto tecnologías
novísimas (escanear el cuerpo de Linda Hamilton para crear un modelo
idéntico) como métodos artesanales. Entre los materiales usados podemos
citar
papel maché, témperas, servilletas de papel y galletas pulverizadas. El resultado fue un momento tan intenso que nos hizo salir del cine diciendo aquello de
"¿Nucleares? ¡No, gracias!".
Esto es un churro (en el buen sentido)
Stan Winston se refería a
Terminator 2 como
el trabajo más difícil de su carrera. Y eso, tratándose de un tipo que ganó cuatro Oscar y participó en
Aliens y
Parque Jurásico (entre
muchas otras) es decir muchísimo. Buena parte de esas complicaciones
vinieron dadas por la obligación de compaginar lo viejo (trucos de
cámara,
animatronics...) con los efectos digitales creados por
Industrial Light & Magic.
Cada vez que el T-1000 se metamorfoseaba, los técnicos debían hallar la
manera de plasmar ese cambio usando el ordenador... Y también construir
un modelo de arcilla y fibra de vidrio para usarlo en el plató. El
momento más complicado llegó cuando el
cyborg multiforme queda
reventado durante la batalla en la fundición: los artistas bautizaron a
la figura resultante, que requirió el uso de tres marionetas accionadas
por aire comprimido,
'El Hombre-Churro'.
Evolución digital
Terminator 2 no fue la primera película en usar efectos
digitales, pero sí el empujón definitivo al género: hasta su estreno, la
única película que había apostado tan en firme por la combinación de
celuloide y píxeles fue
Tron. Los chicos de
Industrial Light & Magic escanearon el cuerpo de Robert Patrick a
fin de crear un modelo en malla 3D, al que después dotaban de movimiento
y alteraban mediante la técnica del
morphing. Este trabajo requirió el uso de instrumentos tope de gama, como el ordenador
SGI Iris y
muchas horas de insomnio, pero su presencia en pantalla suma menos de
cinco minutos en total. Además, el equipo consideró que, comparado con
lo mal que lo habían pasado animando a los alienígenas de
Abyss, su tarea en
Terminator 2 fue una perita en dulce. Por cierto, el sonido que emite el T-1000 al transformarse fue obtenido
poniéndole un condón a un micrófono y sumergiéndolo en gachas de avena.
Protestas sanitarias

Aparte de tanta innovación técnica, al rodaje de
Terminator 2 también le tocó su ración de incidentes no pixelados. Por ejemplo, los vecinos de
Lake View Terrace (un suburbio de Los Ángeles donde fueron rodadas muchas escenas) se cabrearon bastante cuando vieron un rótulo que rezaba
"Centro psiquiátrico Pescadero para criminales dementes" en
el hospital del barrio. Creyendo que les iban a plantar un psiquiátrico
penal al lado de sus casas, los residentes organizaron una
manifestación, y James Cameron tuvo que explicarles personalmente que
aquello era sólo una película.
Los disturbios, a la vuelta de la esquina
Un año después del rodaje de
Terminator 2, la ciudad de Los
Ángeles vivió uno de sus mayores episodios de violencia urbana: seis
días de conflictos callejeros, saqueos y asesinatos, que estallaron al
hacerse pública una grabación en la que varios policías apaleaban a un
ex presidiario llamado
Rodney King. ¿Qué tiene que ver
eso con la película? Pues que el incidente tuvo lugar la noche del 3 de
marzo de 1991, y que, tras recibir la paliza en plena calle, King fue
llevado a la comisaría de Lake View Terrace, donde sufrió más
vejaciones. En ese mismo momento, y a pocos metros de distancia, James
Cameron, Schwarzenegger y el resto del equipo estaban en un bar llamado
The Corral, rodando la famosa escena del T-800 y los moteros.
Schzwarzenegger se ofrece como 'stripper'

Como hemos leído, James Cameron y Arnold Schwarzenegger guardan un
recuerdo bastante siniestro de su noche en el bar The Corral. Pero, para
compensar, también cuentan una anécdota muy graciosa. Resulta que,
mientras 'Arnie' soltaba aquello de
"Necesito tu ropa, tus botas y tu motocicleta",
una parroquiana visiblemente perjudicada entró en el local. Por
supuesto, la mujer se quedó a cuadros al ver a Schwarzenegger en calzón
corto, y preguntó (suponemos que con un hilillo de voz) qué demonios
estaba pasando ahí. La fabulosa respuesta del cachas:
"No se preocupe, señora, esta noche hay un espectáculo de boys". Ignoramos si la interfecta se desmayó al oírle, pero nos parece probable.
"Si el camión no pasa, nos cargamos el camión"
La escena en la que John Connor y el T-800 (ambos en moto) son perseguidos por el
cyborg malo
(a bordo de un camión) fue rodada en los canales de desague del Valle
de San Fernando. Un lugar que, si bien se presta mucho a las acrobacias
sobre ruedas, también planteó dos 'pequeños' inconvenientes. El primero:
a fin de poder usar el terreno, hubo que desviar el curso del agua. El
segundo (y más espectacular) tuvo lugar cuando quedó claro que el
vehículo del T-1000 era demasiado alto para pasar por debajo de un
puente. Cameron, que seguramente nunca se aprendió lo del gálibo para
sacarse el carnet, optó por una solución drástica:
si el camión no pasa, pues nos ingeniamos un efecto especial para arrancarle su parte superior, y listos.
El alto horno está frío

Al igual que en la entrega anterior, James Cameron se empeñó en que la historia de
Terminator 2 concluyese
en una fábrica (¿será una metáfora?). El lugar agraciado fue un alto
horno de Fontana (California) que llevaba diez años cerrado, y cuyos
antiguos trabajadores fueron contratados como extras. El trabajo de
ambientación fue tan bueno que, al llegar, los obreros pensaron que el
lugar había vuelto a la actividad, pero la cosa tenía truco: como rodar
en un sitio lleno de acero fundido no es una idea segura, que digamos,
el material incandescente fue reemplazado por una sustancia que
necesitaba estar fría para fluír. Por ello, la fundición tuvo que ser
refrigerada, y los actores
embadurnados en sudor artificial antes de cada toma.
Pocos muertos para tanto tiro

En
Terminator 2 aparecen
38 armas de fuego distintas, algunas tan espectaculares como la ametralladora portátil
GE M134 usada por 'Arnie' en el tiroteo del edificio
Cyberdine. Pero, eso sí, el
body count es extremadamente escaso para un filme de sus características: a lo largo de la película sólo vemos estirar la pata a
16 personas, la mayoría de ellas víctimas del T-1000, y sólo una a consecuencia de un disparo. Schwarzenegger, que ya había rodado
Poli de guardería, consideraba que muchos cadáveres en pantalla dañarían su nueva imagen
family friendly. A resultas de lo cual, muchos nos acordamos de aquellos tiroteos de la serie
El Equipo A.
¿En castellano, o en japonés?
Esto ya es sabido, pero merece la pena recordarlo: cuando John Connor
enseña a su protector robótico a hablar como un macarrilla de los
primeros 90, añade a su vocabulario una frase ideal para mandar a
alguien a hacer puñetas (o para reventarle el cerebro electrónico de un
tiro). Para el público español, dicha locución es
"Sayonara, baby", y
"Hasta la vista, baby" para todos
los demás. El cambio puede ser discutible, pero a nosotros nos parece
correcto por dos razones: para empezar, la gracia de la frase original
está en el uso del
spanglish, algo que hubiera perdido toda su
chispa de haberse mantenido en castellano. Y, para seguir, nosotros
tuvimos la suerte de escuchar esas palabras en voz de
Constantino Romero: que se chinche el resto del mundo.
Escenas perdidas...

Como suele pasar,
Terminator 2 perdió varias escenas en el
montaje final, que luego fueron añadidas en el pertinente dvd. Algunas
de ellas (como la del T-800 intentando sonreír) son realmente buenas, y
compensan por la pérdida de otras
seis escenas que
fueron rodadas, pero nunca rescatadas. La mayoría de estas últimas
muestran al T-1000 interactuando con la gente (sin matar a nadie,
queremos decir) y su ausencia se justifica por un motivo muy claro:
cuanto más inhumano nos parezca el personaje, más miedo nos dará.
...Y escenas nunca rodadas

La verdadera criba argumental de
Terminator 2 tuvo lugar
antes del rodaje, durante el proceso de escritura del guión. Entre ellas
se hallaban la aparición de un ex de Sarah Connor (el
"boina verde loco" del que habla John en una escena), y un sueño apocalíptico del doctor
Dyson, el creador de Skynet. Pero lo que más rabia da es que, de haberse respetado el libreto original, hubiéramos podido ver
el asalto de John Connor y la resistencia humana a la fábrica de los terminators. Exacto: el momento en el cual arranca el argumento de toda la saga.
"¡En pie, soldado!"

Siguiendo con el capítulo de los tijeretazos, señalemos la escena eliminada más importante de todas: el cameo de
Michael Biehn como
Kyle Reese, papá (salto temporal mediante) de John Connor. Biehn, que había apuntado maneras como actor fetiche de Cameron en
Terminator y
Aliens, sufría
por entonces un severo revés en su carrera debido al alcoholismo, por
lo cual el director y él no se llevaban precisamente bien. El
reencuentro onírico entre Sarah Connor y su amante puede verse en la
edición especial de la película, y a nosotros nos da mucha pena que se
cayera del montaje estrenado: supone un momento de ternura en una
película nada romántica.
El final paradójico (y temporal)
Aunque parezca mentira, a veces los productores hacen bien metiendo
mano en el montaje de un filme. Si quieres una prueba, la tienes en el
final de
Terminator 2: Cameron insistió en emplear una escena
que mostraba a una Sarah Connor madura viendo a su nietecita jugando en
un parque, la cual, si bien ayudaba a cerrar la línea argumental de la
saga, quedaba bastante cursi. Mario Kassar, temiéndose precisamente un
cierre argumental que le impediría lucrarse con las secuelas, insistió
en que se empleara un final más sobrio, más abierto y también más
solemne. La verdad, la película se benefició de este cambio, pero
consideremos también que, de haberse empleado la conclusión prevista por
Cameron, nos hubiésemos ahorrado
Terminator 3...