Ahora que un 'remake' nos trae de vuelta a los horrores
primigenios de Sam Raimi, te ofrecemos un informe (con motosierra) sobre
las truculencias del filme original. Por YAGO GARCÍA
[AVISO: Los corresponsales de
CINEMANÍA enviados al lugar de rodaje de
Posesión infernal (1982) para
elaborar este informe no han regresado todavía a la redacción. Mientras
estudiamos la posibilidad de suspenderles de empleo y sueldo, por
vagos, te ofrecemos su último mensaje recibido en nuestro correo
electrónico.]
Cuando
Ash J. Williams masacró a su último zombie en 1992, nosotros pensamos que todo había terminado, y que los
demonios kandarianos jamás volverían a asolar la Tierra. Pero, para desgracia de todos, estábamos equivocados. Con la bendición de
Sam Raimi y
Bruce Campbell, los sumos sacerdotes de este culto blasfemo, el horror de la
Posesión infernal ha regresado a los cines esta semana. Sus responsables: los uruguayos
Fede Álvarez y
Rodo Sayagués (seguramente iniciados en los ritos de sangre aztecas y zapotecas), con una ayuda de
Diablo Cody, coguionista y acólita de la Cabra de las Mil Crías. Así, convocados mediante el arcano ritual del
remake, los poderes del Abismo vuelven a poseer los cuerpos y las almas de jóvenes indefensos y excursionistas.
Con riesgo para nuestra vida y nuestra cordura, nos hemos desplazado
al lugar donde todo empezó. Algunos dicen que el incidente sucedió en
1981, y otros que en 1982, pero lo único cierto es que en esta cabaña
perdida en los bosques, junto al pueblo de
Morristown (Tennessee), hemos
desenterrado los restos de un rodaje infernal (más todavía de lo
habitual en las producciones de serie B) y de una producción en la que
confluyeron los poderes de
la pasión por el cine y el morro de
un director debutante. Tras redactar los datos obtenidos durante la
investigación, y con agujetas en los brazos de tanto darle a la
motosierra, nos disponemos a efectuar la última parte del ritual,
leyendo las palabras malditas del
Necronomicon Ex Mortis para así... ¡Un momento! ¿Qué es eso? ¡Oh, no! ¡La ventana! ¡LA VENTANA!
El horror que surgió del cortometraje
Nos encantaría decir que Sam Raimi concibió
Posesión infernal en
una noche de tormenta, mientras consultaba antiguos grimorios a la luz
de las velas y los lobos aullaban en los bosques. Pero la verdad es algo
más prosáica: en 1978, Raimi era un director en ciernes de 19 años,
vástago de una (numerosa) familia judía, que decidió rodar un corto de
miedo con sus amiguetes de Birmingham (Michigan) para ver si así
conseguía llamar la atención de algún productor con ganas de jugársela.
El filme resultante,
Within the Woods, resultó un mediano éxito económico, puesto que se proyectaba como aperitivo antes de las sesiones de
The Rocky Horror Picture Show en un cine local. Visto que, pese a todo ello, Hollywood no llamaba a sus puertas, Sam, su hermano
Ted Raimi y sus colegas
Robert Tapert y
Bruce Campbell decidieron
jugarse sus ahorros llevándolo al formato largo. A fin de lograr
financiación, el equipo se hinchó a dar sablazos a amigos y familiares, y
llamó a negocios de su localidad para venderles participaciones en el
filme.
La sombra primigenia de Lovecraft

Al igual que muchos otros maestros del terror, la noción del género del joven Raimi estaba marcada por la obra de
H. P. Lovecraft y sus relatos. Así pues, el primer título barajado por nuestro héroe para su película fue
Necronomicón, en honor al siniestro volumen de arcano saber que preside muchas historias del escritor.
¿Cuál era el problema? Pues que nuestro añorado
Jess Franco había empleado ese nombre para uno de sus propios filmes. Sam optó entonces por
The Book of the Dead [El libro de los muertos] hasta que su mecenas
Irving Shapiro le recordó que
"los adolescentes jamás irán a ver una peli con la palabra 'libro' en el título". Escarmentado, Raimi optó finalmente por
The Evil Dead [Los muertos malvados], título que una 'creativa' traducción al español transformó en
Posesión infernal. En la primera película, el maléfico libraco aparece con el nombre de
Naturyam Demonto, recuperando su título primigenio a la altura de la secuela
Terroríficamente muertos.
Un gran amigo con una gran mandíbula

¿Que sería de
Posesión infernal y sus secuelas si no fuese
por nuestro querido Ash J. Williams? Nunca lo sabremos, porque estamos
demasiado ocupados recordando a
Bruce Campbell, sus
muecas y, sobre todo, su mandíbula batiente mientras despanzurra
monstruos. Amigo de la infancia de Raimi y sus hermanos, Bruce solía
protagonizar sus cortos
"porque era el miembro de la pandilla que más les gustaba a las chicas", y
Posesión infernal fue
su primer trabajo como actor (casi) profesional. Y no sólo eso, sino
que también aportó dinero a la película y ejerció de 'chico para todo'
en el rodaje. Actualmente, Campbell no sólo mantiene su amistad con el
clan Raimi (busca sus cameos en la saga
Spiderman, por ejemplo), sino que defiende orgulloso su condición de actor de serie B, como atestigua su libro de memorias
If Chins Could Kill.
El nacimiento de un héroe (o así)
"Ash es un inútil en todos los aspectos salvo en uno: matar muertos vivientes". Son palabras de Bruce Campbell, y tendremos que tomarlas en serio, porque el héroe de
Posesión infernal fue originalmente concebido para morir de forma horrible al final del filme. De hecho, Raimi le bautizó 'Ash' porque
"su destino era acabar reducido a cenizas". Pero
el director se lo pensó mejor, para su bien y para el nuestro: de este
modo pudimos disfrutar de sus hazañas, cada vez más excesivas, en
Terroríficamente muertos y
El ejército de las tinieblas, así como de sus apariciones en cómics
(Freddy vs. Jason vs. Ash) y videojuegos
(The Evil Dead: Hail to the King y
The Evil Dead: A Fistful of Boomstick), concluyendo con la autoparodia
Posesión demencial, dirigida
y protagonizada por el propio Campbell en 2007. Eso sí: recordemos que,
en este filme, Ash es un sujeto cobarde y tímido que sólo se espabila
conforme sus amigos van sucumbiendo al horror. Su consagración como rey
de las motosierras y las meteduras de pata llegaría con las secuelas.
La siniestra cabaña (de la muerte)

El emplazamiento de
Posesión infernal en una cabaña de los bosques de Tennessee no obedecía sólo a las necesidades del argumento, sino también a las del presupuesto:
usar una choza abandonada en mitad de ninguna parte era la opción más barata y menos complicada.
Pero, una vez desplazados hasta el lugar, Raimi y su gente descubrieron
que la cabaña que pretendían emplear estaba llena de okupas, así que
tuvieron que quedarse con otro edificio en estado ruinoso situado (según
palabras textuales de Bruce Campbell) en
"la carretera de ejem, ejem, en el pueblo de ejem, ejem, Tennessee". El
lugar se caía a pedazos, literalmente, y estuvo a punto varias veces de
convertirse en una trampa mortal para los participantes, quienes se
veían obligados a dormir en él. Exactamente 10 años después del fin del
rodaje,
la cabaña ardió hasta los cimientos. Según Sam Raimi, esto se debió a que fue alcanzada por un rayo. Según Bruce Campbell, a que un grupo de
fans de la película organizaron un botellón en su interior, provocando el accidente al encender una hoguera.
Al director le gusta la sangre

El epígrafe de este apartado no se refiere a la sangre en la pantalla, sino a la de verdad. Mientras
Stanley Kubrick convertía la vida de
Shelley Duvall en un infierno para aprovechar su gesto crispado en
El resplandor, Raimi hacía lo propio con el reparto de
Posesión infernal, con el lema de
"El sufrimiento convierte la desgracia en terror".
Quien se llevó la peor parte fue Bruce Campbell: tras lesionarse una
pierna , el actor tuvo que soportar repetidas injurias por parte de su
presunto amigo, quien gustaba de llamarle
"nenaza" mientras
le pinchaba en la herida con un palo. Además, Campbell se llevó de
recuerdo una cicatriz en la barbilla (dónde si no) cuando se hirió
manejando la cámara durante uno de los travellings. La actriz
Betsy Baker, por
su parte, se quedó sin pestañas durante una de las sesiones de
desmaquillado: Raimi se las arrancó al quitarle el látex de la cara de
forma, digamos, demasiado entusiasta.
A falta de steadycam, buena es una tabla

Si Sam Raimi rodó esta película con lo puesto, ¿cómo se las apañó para conseguir esos
tracking shots que nos revelan el punto de vista de la entidad maligna? Pues
atando la cámara a un tablón que
luego Bruce Campbell y él levantaban en vilo. La pareja obtuvo las
famosas tomas corriendo por los bosques a toda velocidad de esta guisa.
Otra cosa no, pero ambos debieron abandonar el rodaje con unos bíceps
enormes.
La alquimia de los fluídos purulentos

¿Aspiras a ser director de cine? ¿Estás rodando una película de
terror casera? Si es así, te interesará conocer la receta para sangre
artificial usada por Sam Raimi en esta película:
jarabe de maíz, sucedáneo de crema para café y colorante rojo. Para las tripas (verdes) de los zombies el ingrediente principal fue
crema de maíz teñida de verde. Los espumarajos de los poseídos, finalmente, se hicieron a base de
leche semidesnatada.
Durante el rodaje de una escena, varias garrafas llenas de estos
fluídos se volcaron encima de una cámara, estropeándola y, de paso,
dejándola hecha un asco viscoso e innombrable.
¡Chúpate esa, Wes Craven!

Como los
fans del cine de terror advirtieron en su día, en la cabaña de
Posesión infernal figuran los restos de un cartel de
Las colinas tienen ojos, el
clásico gore de Wes Craven. Lo cual, pese a lo que pueda parecer, no es
tanto un homenaje como un desafío: en su filme de 1977 sobre paletos
psicópatas, el futuro director de
Pesadilla en Elm Street y
Scream había incluido un poster de
Tiburón para dar a entender al público que su filme asustaba más que el de
Spielberg. Repitiendo
la jugarreta en su propia cinta, Sam Raimi y sus secuaces lanzaban un
órdago similar a Craven, considerado por entonces uno de los reyes del
terror extremo.
La presunta misoginia del árbol violador
La escena en la que la pobre
Cheryl (Ellen Sandweiss) sufre
el ataque sexual de un vegetal poseído es una de las más terroríficas
del filme. Y de las más trabajosas, también, porque fue realizada a base
de
stop motion. Sin embargo, en el guión original aparece descrita con una sola línea:
"Los árboles atacan a Cheryl".
Raimi le dio su forma definitiva durante el rodaje, algo que, si bien
dotó al filme con un momento cumbre, le acarreó muchos sinsabores: se
trata de
la escena de la película censurada en más países, acusándosela
aún hoy de ser denigrante para las mujeres. Consciente de ello, Raimi
afirmó arrepentirse de haberla rodado por ser
"demasiado brutal". Muy bien, Sam, pero entonces,
[SPOILERS] ¿por qué has permitido que se repita en el
remake? [/SPOILERS].
La aberrante cápsula de los secretos prohibidos

Tras sufrir un rodaje tan accidentado, Sam Raimi y sus amigos
decidieron dejar un testimonio perdurable del mismo. El método elegido
fue
una cápsula del tiempo, un recipiente sellado (en realidad, una caja de puros cerrada con cinta aislante) en el que fueron depositados
la bombilla de un foco, un pedazo de una de las ramas del árbol violador y (si nos fiamos del director)
un texto que explica el auténtico significado de la película. Desde entonces, muchos
raimiadictos han
tratado de desenterrar el misterioso contenedor, pero lo único que han
conseguido ha sido llenar de socavones el predio donde se hallaba el
edificio. Según Bruce Campbell,
"Si quieres ir hasta allá y
buscarla, llévate una pala, una escopeta y una motosierra: los lugareños
tienen sus propios métodos para tratar con los intrusos".
Una postproducción salida del infierno
El 23 de octubre de 1980, tras pasar la friolera de
12 semanas perdidos
en los bosques, sin poder ducharse, quemando muebles para combatir el
frío y a la merced de un director demente, los creadores de
Posesión infernal constataron
que el rodaje se había terminado, y que podían volver a sus casas.
¿Estaba acabado el filme por fin? Pues más bien no: revisando los
copiones, los hermanos Raimi y Bruce Campbell descubrieron que
necesitaban repetir varias tomas, con lo que llamaron a sus ex
compañeros... Para encontrarse con que estos no tenían el menor deseo de
volver con ellos. ¿Cuál fue la respuesta del trío? Volver a rodar las
escenas de marras, apareciendo ellos mismos como dobles de cuerpo de los
desertores.
Por supuesto,
el uso de pelucas y sostenes con relleno fue de rigor para suplantar a las chicas.
¿Cómo dices que se llama el montador?

Tras todos estos padecimientos, Sam Raimi tenía entre manos una enorme cantidad de celuloide.
117 minutos, para ser exactos, que fueron reducidos a cerca de 85 por
Edna Paul, una montadora de Detroit. Y, por casualidades de la vida, el ayudante de Edna Paul era un chaval judío de Minnesota llamado
Ethan Coen. Exacto: el cincuenta por ciento de los
hermanos Coen. Raimi y Bruce Campbell entablaron una entrañable amistad con Ethan y con su hermano
Joel, a quienes ayudaron dos años más tarde con la financiación de
Sangre fácil. El buen rollo se prolongó con los años: los Coen escribieron el guión de
Ola de crímenes, ola de risas, segundo filme de Sam, mientras que el susodicho firmó para los hermanos el libreto de
El gran salto.
Un estreno multitudinario

Con su película (titulada aún
Book of the Dead) calentita
entre las manos, Raimi quería estrenarla por todo lo alto. Y Bruce
Campbell tenía muy claro dónde debía hacerlo: en el cine
Redford de
Detroit, el local donde vio sus primeras películas de terror siendo
niño. El director y el actor trabajaron a fondo en el evento, tendiendo
una alfombra roja, imprimiendo sus propios
tickets y alquilando
varias ambulancias para que montasen guardia fuera de la sala, por si
algún espectador sufría un jamacuco durante la premiere. Tanto teatro
dio sus frutos, en la forma de
1.000 entradas vendidas (el
cine Redford tiene, actualmente, 1.500 localidades) y en un naciente
interés de la industria por aquella película hecha con cuatro perras y
que tanto miedo daba.
EE UU no la quería, pero Cannes sí

¿Recuerdas el nombre de Irvin Shapiro? Exacto: el tipo que aconsejó a
Raimi cambiar el título de la película. Pues resulta que, además del
distribuidor que llevó a los cines
La noche de los muertos vivientes, y de un amigo de
Kubrick y otros grandes, Shapiro era uno de los fundadores del
Festival de Cannes. De modo que, cuando
Posesión infernal fue
rechazada en bloque por las distribuidoras de EE UU, este amigo y
mecenas de nuestro héroe consiguió que la cinta se proyectase, fuera de
concurso, en el certamen francés. Ese mismo año (1982) Cannes acogió
filmes tan dispares como
Fitzcarraldo (Werner Herzog), Passion (Godard) y
E.T. el extraterrestre, de Spielberg. Ignoramos si alguno de los autores de estas tres películas asistió al pase de
Posesión infernal, pero quien sí estaba por ahí era cierto escritor de mediano éxito...
La bendición del señor de las tinieblas

Uno de los espectadores de
Posesión infernal en Cannes fue el mismísimo
Stephen King, quien asistía al festival para presentar
Creepshow, su colaboración con
George A. Romero. Aun cabreado, suponemos, por el estreno de su odiada
El resplandor, el autor literario de
Carrie se entusiasmó con esta película, dedicándole una entusiasta reseña en la revista
Twilight Zone, calificándola como
"el filme de terror más original de 1982".
Dado que King gozaba ya de una fama mayúscula en todo el mundo, sus
palabras fueron el acicate necesario para que una distribuidora
(New Line) se
hiciera por fin con los derechos del filme y lo llevase a los cines. Y,
por supuesto, la frase del escritor figuró en su cartel de forma muy
prominente.
La terrorífica censura británica
Posesión infernal sólo se salvó de la calificación 'X' en EE
UU gracias a los cortes de rigor, y su truculencia llevó a una
prohibición en Alemania. Pero el apuro más gordo sufrido por la película
tuvo lugar en el Reino Unido, donde la activista conservadora
Mary Whitehouse proyectó
fragmentos del filme durante una de sus intervenciones en el
Parlamento. Atrapada en medio de una campaña contra el cine de terror,
Posesión infernal figuró en la lista de los llamados
'video nasties',
filmes cuya distribución doméstica estaba penada por el gobierno de Su
Graciosa Majestad. El escándalo, azuzado por la prensa sensacionalista,
llegó a una magnitud tal que Sam Raimi viajó a Londres en 1984 para
testificar en un proceso por obscenidad, aunque el juez se negó a
escuchar su declaración. Tras sufrir una nueva ración de cortes, la
película pudo venderse en Gran Bretaña en 1990. Y, finalmente, su
versión íntegra apareció allí en dvd en 2001.
El terror apócrifo que llegó de Italia
El nombre de
Aristide Massacesi, alias
Joe D'Amato, figura
con letras de oro (falso) en la historia del cine más cutre,
desvergonzado y pirata. Y también, para grave fastidio de Sam Raimi, en
la de la saga
Posesión infernal. Este señor, que lo mismo te dirigía una de bárbaros cachas
(Ator el poderoso) que una gore
(Gomia: Terror en el mar Egeo) o
una porno (bueno, muchísimas porno, en realidad) posó sus rapaces ojos
en los trabajos de Raimi y vio que aquello era bueno y, sobre todo,
barato. De modo que, tras el estreno de
Terroríficamente muertos en el país de la bota, donde llegó con el título de
La casa II, D'Amato produjo
tres secuelas no autorizadas al lado de las cuales tanto el filme original como sus entregas sucesivas parecen de
James Cameron, por lo lujoso. Señalemos que la segunda de estas
exploitations, Encuentro con la maldad (1988) contó con
David Hasselhoff y
Linda Blair como protagonistas. Uy, qué miedito...
Un beneficio de muerte

Como ya hemos indicado,
Posesión infernal contó con un
presupuesto de cuatro céntimos y un chicle. Bueno, en realidad la
cantidad barajada por Raimi y sus amigos en 1979 ascendía a cerca de
74.700 euros
(ajustados). Lo cual no estaba demasiado mal, dadas las espartanas
condiciones de la producción. Ahora bien, sus beneficios en cines
ascendieron a
4,67 millones de euros (ajustados), una
cantidad astronómica en proporción a la inversión inicial. Señalemos
que Ethan Coen, quien curraba de contable cuando se estrenó el filme,
pronosticó que este sufriría un fracaso apoteósico y que Raimi jamás volvería a dirigir: menos mal que no ha mostrado el mismo ojo clínico en sus trabajos como cineasta. En 1987, la secuela
Terroríficamente muertos contó con
5,76 millones de euros como presupuesto de rodaje. Y
El ejército de las tinieblas rompió los esquemas agenciándose
16 millones de euros para contarnos las correrías de Ash en una Edad Media con zombies.
¡Hay un musical!
En 2003, el horror primigenio desatado por Sam Raimi se materializó
en la ciudad de Toronto (Canadá)... ¡Y esta vez con canciones! ¡Y con un
alce que habla! Estamos hablando de
Evil Dead: The Musical, una revisión bailarina y cachonda de la historia (aunque con muchos elementos de
Terroríficamente muertos en su guión), que ha gozado de grandes críticas y de numerosos montajes internacionales. Estos últimos incluyen
una versión española estrenada en Madrid en 2012 y que tendrá una reposición, también en la capital, el próximo
5 de abril. Te aconsejamos que no te lo pierdas, porque canciones tales que
¿Qué coño ha sido eso?, El baile del Necronomicón y
Todos los hombres de mi vida acaban poseídos por demonios kandarianos son espantosamente buenas.
Via:Cinemania